La ‘impunidad universal’ del Partido Popular

La práctica judicial en materia de Jurisdicción Universal ha sido la que, a lo largo de su historia, más prestigio ha dado a la justicia española en el mundo. Hoy, 27 de febrero de 2014, el gobierno del Partido Popular cambia esta buena práctica para agradar a las grandes potencias a coste de desproteger a sus propios ciudadanos. El caso de la Flotilla de la Libertad es uno de los afectados.

La Jurisdicción Universal es aquella ejercida por los tribunales de cualquier país para perseguir aquellos delitos que ofenden a la conciencia de toda la humanidad, ya que atacan a su dignidad. En el Estado español, hoy el Partido Popular  hace retroceder 20 años en el tiempo a su ciudadanía y, con ello, provoca el archivo de distintos casos abiertos contra responsables de genocidios, crímenes de guerra, torturas, asesinatos…

Desde la aprobación de la Ley Orgánica del Poder Judicial de 1870, el Estado español ha contado con normas para el ejercicio de la jurisdicción universal que han sido referentes -a nivel de derecho internacional- en casos tan importantes como los de Pinochet o de Guatemala.

No es la primera vez que la ingerencia de gobiernos extranjeros provocan cambios legislativos en el Estado español. En 2009, el gobierno del PSOE limitó sustancialmente el ejercicio de la jurisdicción universal condicionándola a cuando las víctimas fuesen españolas. Este recorte provocó la inviabilidad de muchas investigaciones judiciales abiertas en la Audiencia Nacional como los delitos cometidos por Israel en Palestina.

Ahora, el gobierno del PP limita aún más la jurisdicción universal con una nueva Ley, de carácter retroactivo, que solo permitirá perseguir a los responsables de crímenes de lesa humanidad en el caso que haya víctimas del Espado español y que los responsables del crimen sean españoles o tengan su residencia habitual en el Estado español.

De esta forma, casos abiertos contra la cadena de mandos del ejército estadounidense por el asesinato de José Couso en Iraq, contra nueve personas de la armada israelí por el asalto a la Flotilla de la Libertad, contra Jiang Zemin por el genocidio realizado en el Tíbet o contra los responsables de los crímenes de la dictadura franquista se verán archivados gracias a esta Ley que, en definitiva, busca generar ámbitos de impunidad para los más graves crímenes internacionales.

Yo, víctima

Soy una de las doblemente víctimas: víctima de un ataque ilegal perpetrado por el ejército israelí en aguas internacionales y víctima de los recortes en materia de jurisdicción universal llevadas a cabo por el Partido Popular, en el Estado español.

Víctimas Mavi Marmara

El 31 de mayo de 2010 viajaba en el buque Mavi Marmara de la Flotilla de la Libertad cuando fue atacado –ilegalmente– por comandos israelíes, en aguas internacionales, dejando un total de nueve muertos, una persona en estado de coma irreversible y más de sesenta heridos.

Como víctima, en el mes de julio de 2010, junto a dos compañeros, presenté una querella en la Audiencia Nacional contra los máximos responsables israelíes del ataque. En noviembre de 2012 el fiscal de la Audiencia Nacional dictaminó, en sus diligencias previas, que el asalto constituyó un crimen de lesa humanidad y aconsejaba al gobierno elevar el caso a la Corte Penal Internacional. Desde entonces, no ha habido otro movimiento judicial.

El 24 de enero de 2014 el PP presentaba una proposición de ley relativa a la justicia universal. Una reforma que seria tramitada de forma urgente, sin dictamen del Consejo General del Poder Judicial, y con la finalidad de aprobar la modificación legislativa antes de acabar el mes de febrero de 2014.

Dicho y hecho. Hoy, 27 de febrero de 2014, se aprueba la reforma propuesta por el PP, que modifica en profundidad el apartado 4 del artículo 23 de la LOPJ, norma fundamental de la legislación española para el ejercicio de la jurisdicción universal. Si en los últimos años ya estaba resultando difícil perseguir a los responsables de crímenes de lesa humanidad, a partir de la entrada en vigor de la Ley del PP, en el Estado español, desaparecerá cualquier posibilidad de perseguir a quienes actuaron contra mí y contra el resto de víctimas del ataque a la Flotilla de la Libertad. Gracias al actual gobierno del PP, la causa se tendrá que archivar a pesar de que conocemos perfectamente quiénes son los autores responsables del ataque a la flotilla.

Pero, avisamos: la lucha legal no acaba aquí. Ahora tenemos una doble batalla que librar. Seguiremos los pasos que la PAH ya realizó en en Europa dirigiendonos al Tribunal de Derechos Humanos de Estrasburgo y nos sumaremos a la querella que Comores tramitó en la Corte Penal Internacional.

Dicen que quien calla, otorga. Recortar la ley para dejar vía libre a la impunidad de la que ya gozan los autores de las más graves violaciones de los derechos humanos debería convertir al actual Gobierno español en cómplice de dichos crímenes. Espero que algún día termine la impunidad y se haga justicia; justicia contra los autores de dichos crímenes de lesa humanidad y justicia contra los políticos españoles que los apoyan dictando leyes inhumanas.

Laura Arau
Barcelona, 27 de febrero de 2014

Mavi Marmara

La lucha continúa

Hoy se cumple un año del abordaje del velero Estelle, de la Flotilla de la Libertad, y lo recuerdo como si fuera ayer. Era la tercera vez que la coalición internacional de la Flotilla de la Libertad se dirigía a Gaza para romper el ilegal e inmoral bloqueo que el gobierno israelí impone por mar, tierra y aire -en forma de castigo colectivo- a las más de 1,7 millones de personas que residen en esta pequeña porción de tierra que, junto a Cisjordania, es Palestina.

A finales de junio de 2012, el velero Estelle empezaba su viaje desde Suecia hasta Gaza, realizando escalas en distintos puertos europeos donde se realizaron visitas al barco, charlas, conciertos y otras actividades paralelas. Centenares de personas visitaron el velero que hizo escala en Bermeo, San Sebastián, Santa Pola, Alicante y Barcelona, entre otros.

“Una mattina mi son svegliato, o bella ciao, bella ciao, bella ciao, ciao, ciao…”. Decenas de personas con el puño en alto, cantando el Bella Ciao, nos despedían desde el puerto de Nápoles el 6 de octubre de 2012. El velero Estelle, junto a su tripulación, empezaba su última travesía rumbo a Gaza con la firme determinación de romper el bloqueo y denunciar esta injusta situación.

Tripulación Estelle

Con los ojos llorosos e inmersa en una profunda mezcla de sentimientos y recuerdos, empezaba mi viaje. Volvía a estar en un barco dirección a Gaza y llevaba en mi mente -y en mi corazón- no solo el recuerdo de mis amigos y amigas palestinas sino también el de aquellos nueve compañeros que fueron asesinados por comandos israelíes, a bordo del Mavi Marmara, en mayo de 2010.

Nos esperaban quince días de navegación para poder divisar la costa de Gaza. Los días pasaron rápido. En el barco había tripulación experta y otras personas, como yo, que llevábamos la “L” de novatas. Pero en el mar aprendes rápido. Rotábamos en turnos de cuatro horas, que compartíamos con otros cuatro compañeros. En esos ratos izábamos las velas si hacía viento, las recogíamos si dejaba de soplar y las movíamos si cambiaba la dirección del viento. Nos repartíamos las tareas de limpieza del barco y, al menos durante una hora, dirigíamos el timón. Al principio todo me parecía difícil pero, como todo, con esfuerzo y dedicación terminé aprendiendo. Cuando no estábamos de turno, normalmente dormíamos, leíamos, charlábamos, reíamos o nos tumbábamos encima de los compartimentos de carga para contemplar el espectacular océano que nos rodeaba. En varios tramos, algunos delfines nos acompañaban en ese camino a la libertad.

El velero Estelle, de 90 años de antigüedad, rompía imponente las olas rumbo a Gaza cuando, el 18 de octubre de 2012, llegaron las primeras noticias sobre las intenciones del gobierno israelí. El capitán recibió una llamada del Ministerio de Exteriores de Finlandia anunciando que Israel detendría a los pasajeros del Estelle. Ya nos acercábamos a la costa de Gaza y, al igual que en anteriores flotillas, el barco podría ser abordado por comandos israelíes en cualquier momento. Decidimos reforzar algunas partes del barco como la cabina donde estaba el timón porqué, en el caso que se produjese un acto de piratería en aguas internacionales, no queríamos que nadie tomase el control de nuestro barco.

En la noche siguiente empezamos a divisar luces a lo lejos y, en los turnos de vigilancia, estuvimos más atentos de lo normal a lo que sucedía en el mar. Teníamos la sensación que en cualquier momento podría suceder un abordaje pero la noche pasó sin ninguna alteración.

El día 20 de octubre de 2012 me levanté a las 7 de la mañana. Casi todos los tripulantes del barco estaban levantados. Unos estaban desayunando, otros haciendo su turno de vigilancia, otros en la cabina del timón y otros construyendo barricadas con colchones en las entradas de la cabina de mando. La estrategia era clara: resistir pacíficamente al más que probable abordaje.

Eran menos de las 10 de la mañana, hora de Jerusalén, cuando recibimos el primer contacto por radio por parte de la armada israelí.: “Estelle. Estelle. Les habla la armada israelí. El área de Gaza y sus aguas están cerradas al tráfico marítimo debido al bloqueo marítimo impuesto por razones de seguridad en la Franja de Gaza”. Mi cámara estaba en la cabina así que no dudé en empezar a grabar. El capitán del velero respondió que el Estelle era un buque escuela que transportaba carga a la Franja de Gaza y, añadió, que el puerto de Gaza era un puerto libre como los otros que hay en el mundo. Mientras el contacto por radio estaba teniendo lugar, divisamos a lo lejos como se acercaban varias lanchas motoras a toda velocidad. Se dió la alarma y los tripulantes nos repartimos a los lugares que teníamos asignados con la finalidad de resistir el inminente abordaje.

Almenos cuatro fragatas nos estaban rodeando y se acercaron una decena de lanchas con veinte soldados armados y con pasamontañas, en cada una de ellas. El helicóptero no tardó en llegar. Cortaron todas las conexiones que pudiésemos tener con el exterior. Eran las 10.30 de la mañana, hora de Jerusalén, y estábamos en las coordenadas N31º 26’ E33º 45’. Empezaba el abordaje.

Me encontraba junto a otras tres personas en la cabina del timón, grabando con la cámara y una máscara de gas medio puesta, por si a los comandos se les acudía gasearnos. Nuestros compañeros nos habían encerrado con candados y habían tirado las llaves al mar. De esta forma pretendíamos tener el control del barco durante el máximo tiempo posible.

Por los altavoces, un compañero instaba a los soldados a desobedecer las órdenes de sus superiores porqué les estaban llevando a cometer un acto de piratería o de guerra. Los soldados empezaron a entrar en el barco en grupos. Se escuchaban gritos y los sonidos de las pistolas Táser, que provocan descargas eléctricas. A los pocos minutos, los soldados empezaron a subir al altillo que había justo frente de la cabina del timón. Un parlamentario griego se dirigió a ellos, con las manos en alto, y les informó que no podían tomar el barco. Los soldados israelíes lo redujeron con las llamadas Táser, hasta dejarlo en el suelo. En ese momento, dos activistas israelíes que viajaban con nosotros y que habían formado parte del ejército,  se dirigieron en hebreo a los soldados, que les ignoraron.

Al cabo de 20 minutos, después de aplicar descargas eléctricas a varias personas que resistían a moverse de su posición, los soldados consiguieron llegar a la puerta de la cabina del timón, donde me encontraba grabando. Rompieron la puerta de la cabina, nos sacaron uno a uno de dentro de ella y nos llevaron junto con las demás personas del grupo. Me indicaron que les diese mi cámara. Me negué a hacerlo mostrandoles mi carné de periodista mientras les decía que tenía derecho a informar. Así que el soldado de más alto rango me quitó violentamente la cámara que tenía entre mis manos y me dijo que ya no era mía. Me la estaba robando.

Una hora después del inicio del abordaje, los comandos israelíes tomaron el control del barco. Nos encontrábamos a 25 millas de la costa de Gaza, en aguas internacionales. Los soldados habían conseguido entrar en la sala de máquinas, que también se encontraba bloqueada, pero no habían conseguido poder volver a arrancar el motor. Uno de los ingenieros de la tripulación del Estelle lo había boicoteado, en lo que era otro claro acto de desobediencia.

Estuvimos unas diez horas en el barco hasta llegar al puerto israelí de Ashdod. Durante este tiempo, nos habían registrado de arriba a bajo. En el puerto había muchas cámaras de televisión así que decidimos empezar a gritar al unísono “stay away disobey” (no os haremos caso, desobedeceremos). Dos soldados nos cogieron de uno a uno y llevaron fuera del barco, donde nos entregaron a la policía. Después del registro en el mismo puerto, nos llevaron a un centro de detención donde consultaron nuestros ‘antecedentes’ en Israel. Decidí facilitarles mi nombre y nacionalidad pero no respondí a nada más. Recuerdo la mirada de la persona encargada de la entrada de mis datos al ordenador. “Mavi Marmara”, me dijo. Efectivamente, mi historial estaba en esta base de datos. Y aquí empezó una de las partes más agresivas de esta misión.

Durante toda la noche me llevaron de una sala a otra donde me hicieron varios interrogatorios. Primero me preguntaron sobre mi pareja, mi família, mi vida… Pero, al ver que me acogía a la Ley del Silencio y no respondía a nada, cambiaron la estratégia y empezaron a hacer referencia a viajes que yo había hecho, afirmaciones que buscaban una clara provocación… No caí en su trampa. Se ensañaron conmigo porqué participé en la primera Flotilla de la Libertad y, con la información que tenían sobre mí, seguro que sabían que había interpuesto una querella en el Estado español contra los máximos responsables del ataque al Mavi Marmara. Fueron interrogatorios muy largos pero, finalmente, al ver que no respondía a nada insistieron a que firmase un documento que decía que habíamos entrado ilegalmente al país. Me negué a hacerlo.

Los tripulantes del Estelle habíamos acordado que no firmaríamos ningún papel hasta ver a nuestros abogados y decidir de manera conjunta. Algunos firmaron el papel y volvieron a sus casas. La mayoría no lo hicimos y nos llevaron a prisión. Yo compartía celda con otra mujer que había participado en la Flotilla. De ese día en prisión, recuerdo el intercambio de palabras una joven funcionaria que se encargaba de vigilarme cuando yo estaba en el patio. Ella sabía que yo era periodista y me preguntaba el porqué de lo que ella consideraba “ataques a su pueblo; ataques para dejarlos en ridículo frente al mundo”. Yo le comentaba que a ella solo le llegaba parte  de la información y que su miedo era provocado por su propio gobierno. Recuerdo que llegó a decirme que si yo creía que se debían cambiar las cosas me hiciese política y no periodista. Allí tomé un poco más de consciente de la importancia que tiene que comunicadores formemos parte de estas acciones y las contemos desde dentro.

Pasado casi un día, las chicas firmamos el papel de deportación. Los chicos tardarían unos días más. De la prisión nos llevaron a un centro de deportación y de allí a un avión dirección a casa.

El velero Estelle el año 2012 no pudo llegar a Gaza pero a través de esta acción volvímos a hacer latente la solidaridad como la ternura de los pueblos y volvimos a llamar la atención al mundo sobre la situación que está sufriendo, desde hace más de 60 años, la población palestina. Además de acciones humanitarias, las flotillas de la libertad son acciones políticas que pretenden denunciar la constante vulneración de Derechos Humanos que vive la población palestina, el desprecio que el Estado de Israel tiene a la legislación internacional y la complicidad de gobernos como el nuestro en la perpetuación de esos actos.

Si continúo subiendo a barcos que pretenden romper el bloqueo a la Franja de Gaza es por mantener mi propia humanidad. Lo he hecho tres veces y lo volveré a hacer tantas veces como sea necesario.

Laura Arau, pasajera del velero Estelle
Barcelona, 20 de octubre de 2013

“Todos a bordo. Testimonios del ataque al Mavi Marmara” premiado en el FestiDok

El pasado sábado el documental Todos a bordo. Testimonios del ataque al Mavi Marmara, que publiqué el pasado mayo, recibió el premio del público en el festival Festidok, que premia los mejores trabajos audiovisuales que denuncien las vulneraciones de Derechos Humanos en todo el mundo y potencien los valores de la justícia, la toleráncia, la solidaridad y la libertad. El premio se entregó el pasado sábado en una gala en Girona, Catalunya.

Premi Festidok

El documental recoge el testimonio de los activistas que el 31 de mayo de 2010 íbamos a bordo de la Flotilla de la Libertad. Se relata como fuimos atacados en aguas internacionales por el ejército israelí y se intentan describir algunas de las vulneraciones de Derechos Humanos que se pudieron ver como el asesinato a sangre fría de nueve compañeros. El objetivo de la misión era llevar ayuda humanitaria a la Franja de Gaza y denunciar el ilegal bloqueo que sufre su población por parte de las autoridades israelís. En la pieza audiovisual se puede ver como tres años después del ataque, los supervivientes del ataque al Mavi Marmara piden justícia y siguen luchando contra la impunidad de uno de los estados más poderosos del mundo.

El galardón consiste en un trofeo que simula la libertad a partir de un encadenado que se va deshaciendo. Lo dediqué a los activistas que fueron asesinados en el Mavi Marmara y, también, a la población palestina que vive luchando y resistiendo -en su tierra y en la diáspora- desde hace más de 60 años. El documental Todos a bordo. Testimonios del ataque al Mavi Marmara fue uno de los siete documentales que fueron finalistas en el Festidok, que distinguió Por la Flor de la Canela, sobre la violencia sexista, de María Sánchez Testoni, como el mejor cortometraje documental de 2013.

Aquí podéis ver el documental. ¡Espero que os guste!